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lunes, 16 de abril de 2012

Sentada en un parque me hice una herida con la inicial del chico que me gustaba. Me levantaba todos los días la costrilla para que me dejase cicatriz y así no olvidarle nunca. Juraba que era el amor de mi vida.
- Bueno como todos los críos ¿no?
No, como todo el mundo. El primer amor y el último se sienten igual; eso, es lo que se tarda en entender.
- ¿Y cuándo te diste cuenta tú?
Pues cuando dejé de rascarme. Llega un día en el que te das cuenta que en esa pareja sólo quedas tú. Y que lo único que te ata a él es esa herida, y que haciéndola sangrar no mantienes vivo su recuerdo; si no, el dolor de su pérdida.

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